Fences

Publicado por PGA en LCQNHF | 26/02/2017

Fences adapta la pieza teatral homónima escrita por el premiado con el Pulitzer August Wilson. Está ambientada en los años 50 y narra un episodio de la vida de Troy Maxon, interpretado por Denzel Washington (también director de la cinta) y su esposa, papel de Viola Davises un relato doloroso sobre la paternidad, la familia, la frustración y las relaciones rotas. También es una propuesta interesante, profunda y cuidada, que trata al público de forma inteligente y sabe manejarse en la narración. ¿Cuál puede ser entonces el problema de Fences, multinominada a los Oscars y con visos de ser un drama de altura? Pues un pequeño detalle: que no es una película.

¿Qué es esto, Denzel?

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Pues no, Fences no es una película. Es una obra de teatro. ¿Otra vez? Sí, otra vez. Es una pieza de teatro filmado, un ejercicio de repetir lo que tenía éxito pero ahora con una cámara. Hasta el reparto principal lo encabezan los protagonistas de la re-adaptación de la obra en Broadway. Todo lo bueno de Fences está en su texto e interpretaciones. Y no es así porque toda la acción se desarrolle en un mismo espacio (podría haber aprovechado esta ambientación única para crear claustrofobia o acrecentar la sensación de encierro de sus protagonistas) o sus diálogos constantes. No, lejos de la claustrofobia de Gritos y susurros o la paranoia de Puro Vicio, en Fencessólo hay pereza narrativa. Una triste demostración de que para Washington la concepción de hacer cine se limita a que la cámara grabe lo que pasa de cualquier forma.

 Denzel Washington tiene dos horas y diez para hacer algo con su composición de planos más allá de enfocarse a sí mismo cuando su personaje habla y de lanzar el correspondiente contraplano cuando es el turno de otro personaje para hablar. Y en esas dos horas y diez apenas diez minutos, la mayoría en el tramo final, aprovechan las posibilidades que da el cine. Y esas tres secuencias se pierden en el mar de verbalización incansable de sentimientos, actitudes y motivaciones de los personajes en una verborrea constante pero que por suerte no llega a hartar. Y es que las actuaciones consiguen levantar de forma prodigiosa la mayor parte del metraje, varado en la misma narrativa visual que el vídeo de un bautizo o un documental de sobremesa.
FENCES

Viola Davis está inmensa. Su interpretación es cautivadora, sacando a relucir una gran cantidad de matices y una explosión de emociones contenidas en un personaje destrozado por dentro pero obligado a mantener las formas. Consigue no caer en el histrionismo ni la exageración, y encauza la película con su carisma y su temple. El Washington actor lo hace mucho mejor que el Washington director, brindando una interpretación sobre la que recae gran parte del peso de la cinta. El padre, el marido y el hombre, todos ellos aplastados por la idea de no haber llegado a ser ni una remota imagen de lo que querían haber sido. Conforman entre los dos un dúo interpretativo magnífico, sólido y llamativo, que hace de Fences un retrato del dolor aún más costumbrista y centrado en los personajes del que proponía la genial Manchester frente al mar. Pero, a diferencia de esta, aquí no hay cabida para explotar aún más esa exploración del sufrimiento con recursos visuales, sino que todo recae en el diálogo, forzando una sobrecarga narrativa que no se va sin consecuencias.

Cuando una decepción merece la pena

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Pero, de alguna forma, Fences es disfrutable. Quizás es una buena forma de conocer la historia para quienes no tiene oportunidad de ver la obra sobre un escenario. Pero no deja de ser triste que el Cine acabe siendo un mero vehículo para trasladar otras artes. La secuencia en que Washington grita bajo la lluvia que deja entrar por su ventana, la separación formalizada por una pelota de béisbol que representa la presencia omnipresente del padre en la vida de su hijo y su esposa o ese último rayo de sol son ejemplos de que no es tan difícil para Denzel Washington dar una dosis de matices con la cámara que ahorren varios minutos de personajes diciendo cómo se sienten o por qué han actuado de tal o cual forma.

 Completan la cinta una banda sonora modesta, casi sin presencia, tenue y de mero acompañamiento; una fotografía sencilla y efectiva, que no busca ser llamativa sino discreta, y un montaje cronológico, directo y no asociativo que se limita a dar orden a la incesante sucesión de planos clónicos que filman el diálogo constante. Al final, no queda la sensación de haber visto una mala película sino una buena obra de teatro. Y no sé si eso es una buena o una mala impresión para cuando pisamos la puerta de salida del cine.
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2 comentarios en “Fences

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